LA CASA DEL PESCADOR

Avda de la Luz 24

En aquella época yo tenía una amiga que se llamaba Sara. Éramos vecinas. Íbamos al colegio juntas y teníamos un sueño común de visitar Nueva York al cumplir los veinticinco. Éramos como dos viejas disfrazadas de niñas por la manera en que llevábamos la cuenta de lo que ocurría en la calle. Sabíamos que la casa de dos plantas que había emparedada entre nuestro bloque y el siguiente llevaba años cerrada. Le llamábamos la casa del pescador porque habíamos oído a alguien decir que la casa era una reliquia arquitectónica de la época en la que aún vivían pescadores en la calle. Desde mi balcón se veía el patio de la casa. Estaba lleno de gatos negros que de noche peleaban a muerte, y de basura que los vecinos llevaban años tirando desde los balcones.

-Intentaron derribarla pero está encantada… –empezó Sara, un día en que nos acercamos a la puerta…

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