COSAS MÍAS

Avda de la Luz 24

El día en que me hice mayor fue el día en que me dieron la llave de casa. Hasta ese día había sido lo que se dice libre como un pájaro. Libre de futuro y de pasado. Libre de bolsillos y del miedo constante a perder algo. Lo que me llevaba de un día al siguiente era tan sólo algún arañazo en las rodillas y un chicle en la boca con el que me quedaba dormida y que por la mañana aparecía enganchado en mi cabello. Creo que aquello era el paraíso. Un paraíso que, como todos, tenía un ángel con su espada de fuego señalando el exterior, porque todo paraíso, para serlo de verdad, debe tener su Némesis.

Nuestro paraíso era un parque poblado de encinas, plataneros y acacias que daban unas flores amarillas que a veces comíamos sólo para demostrar que eran comestibles. Más allá de las copas…

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